El camino completo de un pedido, desde que el vendedor lo recibe hasta que el carro sale con la remisión firmada. Dónde se pierde tiempo, dónde se puede colar un error, y qué falta para que el proceso avise antes de que ese error llegue al cliente.
Ninguna de estas cifras la trajimos nosotros.
Al final es como una colcha de retazos que no hemos podido coser.Dirección de Pronavícola, sesión del 27 de julio
Cada uno salió de la voz de su propio equipo.
La asignación de clientes reúne, para cada nacimiento, a todos los clientes con sus especificaciones finales: vacuna, precio, bonificación, tratamiento de pico, el carro y la hora de salida. Se arma a mano y se envía a tres áreas al tiempo.
Entre quien lo llena y quien ejecuta no hay ningún punto donde alguien verifique. Si se edita y no se graba, sale la versión sin el último cambio y nadie se entera hasta que el producto está en la finca.
Llega en PDF por correo a planeación y a facturación, con genética, fecha, vacunas, precio, bonificación y condiciones de pago. Y aun así se ingresa manualmente.
El dato ya existe en digital. Cada vez que se vuelve a teclear se abre la posibilidad de que cambie sin que nadie lo decida.
Transportes devuelve el total del mes en los primeros diez días del mes siguiente. La remisión tiene cuatro campos básicos y con frecuencia llega con uno o dos sin llenar.
Un faltante se detecta hasta 40 días después del despacho, cuando ya es difícil reconstruir qué pasó.
No existe trazabilidad ni alertas de estado. Para decirle a un cliente a qué hora le llega su pedido hay que llamar a producción y preguntar.
Cada consulta consume tiempo de dos personas para responder algo que el sistema debería saber.
No vamos a ponerle una cifra a esto, porque nadie la midió y no sería honesto inventarla. Lo que sí se puede hacer es contar lo que pasó.
El cliente la pidió. El vendedor la reconfirmó. Al llenar el archivo se omitió. La planta no la aplicó, y el cliente lo detectó en su propia granja.
El cliente no llevaba tratamiento de pico. Al reusar el archivo del nacimiento anterior la casilla quedó marcada. Recibió las pollitas tratadas, no tenía condiciones para manejarlas, y el lote se perdió.
Su equipo lo dijo con más precisión de la que tendríamos nosotros: no es que el producto sea malo, es un error humano en la cadena. Y un error humano en un proceso manual no se puede predecir ni presupuestar. Solo se puede hacer menos probable.
El costo de un lote perdido se calcula. El de la conversación siguiente con ese cliente, no.
Estos son escenarios, no mediciones. Todavía no existe el dato de cuántas horas consume cada tarea. Producir ese dato es el primer entregable del diagnóstico.
Cada escenario se convierte en cifra en pesos durante el diagnóstico, cuando exista la línea base.
Hicimos el levantamiento antes de esta propuesta y lo entregamos sin costo. Está publicado y ya lo pueden recorrer: cartilla-proceso-pronavicola.santa-ia.com
Si dos conversaciones dejaron ver 29 pasos y catorce que nadie había dibujado, la pregunta ya no es si hay algo debajo.
No comprometemos un número de días. El trabajo termina cuando cada frente está documentado y medido, no en una fecha fijada de antemano.
Disponibilidad, autorización y el reajuste cuando el nacimiento cambia.
Dónde se va el tiempo. Cuántas órdenes entran y cuánto toma cada una.
El ingreso de pedidos con las modificaciones del cliente y el paso a despacho.
El cálculo de carga y la orden de incubación, que quedó pendiente en la sesión.
Cómo se arman las rutas y cómo vuelve la remisión firmada.
Qué se puede leer y escribir en el sistema actual, y con qué dependencias.
Todo entregable está escrito para que sirva incluso si la implementación la hace otro. Esa es la condición que nos ponemos.
La que ya tienen, actualizada con lo que salga del campo.
Horas por tarea, órdenes al mes, volumen y costo.
Mismo formato navegable, con el proceso rediseñado.
Qué se valida, quién lo valida, qué pasa si falla y qué queda registrado.
Ordenadas por tiempo que consumen contra riesgo que representan.
Campos, validaciones y flujo del reemplazo de la asignación.
El plano técnico: componentes, datos y sistemas.
Operativos, legales y de dependencia.
Tres escenarios, ya con la línea base real.
Las fases con sus dependencias, en orden de ejecución.
Su equipo, otra compañía, o nosotros. Con cifra en cada una.
Cierra con una presentación ante quien decide, con el documento en pantalla y espacio para preguntas.
El diagnóstico termina con la ruta escrita y cotizada en las tres vías. Quién la ejecuta lo deciden ustedes, y las tres quedan viables.
Reciben la ruta, las especificaciones y la arquitectura. Su área lo construye sin depender de nosotros.
La ruta está escrita para que cualquier proveedor la pueda cotizar sin volver a levantar el proceso.
Ejecutamos la ruta con un solo responsable de punta a punta.
Cubre la inmersión en la operación hasta cerrar los seis frentes del proceso: planeación de ventas, operación y digitación, facturación, planta de incubación, transportes y sistemas. El trabajo termina cuando cada frente está documentado y medido.
El diagnóstico termina con la ruta de implementación. Ustedes deciden quién la ejecuta: su propio equipo de tecnología, otra compañía, o nosotros. Si la ejecutan con nosotros, los $2.200 se descuentan del costo de la implementación.
Cada proyecto nuevo con nosotros entra con descuento sobre su valor.
Confirmación de la gerencia sobre el alcance, los entregables y la inversión.
Coordinación con cada área y permisos de acceso a los archivos y sistemas que se van a revisar.
Inmersión, medición de la línea base, diseño del proceso objetivo y de los puntos de control, y construcción de la arquitectura.
Los once entregables más una sesión con la gerencia para decidir por cuál de las tres vías se ejecuta.
El proceso ya funciona. Lleva años funcionando y sacando pollito todas las semanas. Lo que no tiene es dónde detenerse cuando algo va mal, y por eso el error se descubre en la finca del cliente. El diagnóstico existe para poner esos frenos donde hoy no hay ninguno.